Ya hemos comentado en un post anterior que “mindfulness” significa “conciencia plena” o “atención plena” y reconoce la capacidad que tiene el ser humano de prestar atención a cómo se despliega la experiencia en el presente, momento a momento, y sin juzgar. O en palabras de Jon Kabat-Zinn, “mindfulness es la conciencia que surge cuando prestamos atención voluntariamente y con intención, a lo que ocurre en el momento presente, y sin prejuicios ni expectativas.

Se ha comprobado en numerosos estudios científicos (es muy amplia la bibliografía existente y está a disposición de quien la precise), que este modo de funcionamiento mental incide en la potenciación de la atención y la concentración, en la reducción del estrés, y en la mejora de la comunicación interpersonal y de la salud.

Por un lado, desde el punto de vista general, el mindfulness favorece una:

  • Mayor claridad mental, derivada de una atención más imparcial, con mejor toma de decisiones.
  • Mejor capacidad de conexión con los demás, mejorando la confianza y la empatía.
  • Mejor eficacia y productividad, resultado de una mayor atención y concentración.
  • Más creatividad, resultado de un enfoque menos amenazador ante los problemas.

Desde el punto de vista emocional y de la salud:

  • Mejor gestión de las emociones, lo que facilita el control de los comportamientos desadaptados o adictivos: p.ej. en trastornos de la alimentación.
  • Reduce los síntomas médicos asociados al estrés en un 47%
  • Reduce el malestar psicológico.
  • Pone fin a las “rumiaciones”.
  • Aumenta la conciencia sobre la capacidad para influir positivamente en la salud.
  • Permite vivir bien con el dolor crónico y la enfermedad.

Se ha demostrado que el entrenamiento en mindfulness:

  • es más eficaz que otras intervenciones psicológicas (León y cols., 2013).
  • …y el bienestar perdura. (Martín A y García de la Banda G, 2010).

En los últimos años se ha estudiado la relación entre la práctica de la meditación y los cambios de actividad cerebral y de la morfología del propio cerebro (Simon V., 2007) (Vestergaard, 2009) (Luders y cols. 2011) (Hölzel y acol., 2011) (Luders, 2012) (Luders, 2013) (Clausen y cols. 2014) (Fox y cols. 2014) (Kumar y cols. 2014) (Valiente-Barroso y cols. 2014) (Villemure y cols. 2015) etc…

Los resultados de estos estudios detectan mayores volúmenes de materia gris en las personas que practican meditación, concretamente en determinadas áreas cerebrales (corteza orbito frontal, tálamo derecho, circunvolución temporal inferior izquierda) y también mostraron significativamente mayores volúmenes de funcionamiento en el hipocampo derecho. Hallazgos que permiten entender por qué hay un mayor control emocional en estas personas, y por qué aumentan las habilidades para cultivar emociones positivas y participar en el comportamiento consciente que muestran los meditadores.

Además, sugieren que estas modificaciones en las estructuras cerebrales aparecen ya tras un entrenamiento intensivo de tan solo dos meses de duración, como el que ofrece el Programa MBSR.

Antonio Martín Moreno, Médico.