Toda realidad está dentro de nosotros y lo que vemos fuera no es más que una proyección de nosotros mismos. Por lo tanto, si tú cambias, todo cambia. Aceptemos al que es diferente a nosotros, respetemos aquello que hubo antes que seguro dejó algo bueno y guardemos equilibrio entre lo que damos y lo recibimos. Pero sobretodo, asumamos nuestra responsabilidad en todo aquello que nos ocurre, pues tu vida la escribes tú. Sólo tú decides si quieres seguir victimizándote o potenciar un cambio.

Vivimos en un estado paternalista, que nos lanza un mensaje de: no te preocupes que si te portas bien y trabajas durante 40 años sin rechistar, yo te daré una paguita cuando seas viejo. O no te preocupes si te quedas sin trabajo, que yo te voy a proporcionar un sueldo a cambio de nada, y así no tendrás que preocuparte por generar ingresos. Así, nos eluden de nuestra responsabilidad de autobastecernos, y muchas veces vivimos infelices por esa prometida felicidad, quedando en una situación de desequilibrio porque… ¿Qué pasa si el estado quiebra y no podemos cobrar pensiones? ¿Les echaremos la culpa a ellos?

No les demos el poder a los políticos. Recuerda que sólo son nuestros empleados.