Cuando nace un hijo, nace un padre y una madre.

Papá y mamá nos dan lo esencial, la vida ¿y qué es más grande qué eso?… Nada… es por ello que nuestros padres son los mejores, ningún otro padre nos habría hecho como somos. ¿Los cambiarías por otros?

Seguramente habríamos deseado que hubieran sido de esta o de esa otra manera, pero eso no va a suceder… porque ellos, así como son, son perfectos para que podamos vivir las experiencias que nos llevarán a desarrollar nuestros mejores dones.

Tomar y amar lo que es con todo tal como fue, es primordial para cualquier cambio que queramos abordar. Al hacerlo y tomarlos a ellos también como son, con todo lo que ocurrió antes, empieza a ocurrir el “milagro”, nos podemos descubrir a nosotros mismos tal como somos, perfectos, tanto como ellos y ahí, en ese momento, podemos empezar a cambiar, porque nada que no ha sido mirado como “bueno” puede evolucionar hacia otra cosa, que nos lleve hacia algo diferente.

Lo esencial ya está con nosotros y está completo. Nos va a permitir tomar las riendas de nuestra vida, sabiendo que con lo que nos llega de ellos podemos usarlo de la mejor manera o no. Haciendo lo mejor con lo que ellos nos han legado.

Todos los niños tienen un padre y una madre y los dos son buenos, cuando uno de ellos desvaloriza o niega al otro, el hijo sufre, porque él los necesita a los dos y con su actuar estará mostrando su amor al excluido y su impotencia ante la situación de exclusión.

Una cosa es lo que somos y otra muy distinta lo que hacemos, lo que hacemos tiene que ver con aquello que en un momento determinado nos toma y de forma inconsciente nos mueve en una u otra dirección.

¿De dónde proviene esa fuerza? De algo más grande que nos lleva a compensar un daño, causado por nosotros, por nuestros padres o por algún ancestro.

Los hijos son buenos porque igualmente, en su comportamiento, también ellos son tomados por algo más grande que debería permitir “el darse cuenta” de una disfunción sistémica, ellos nos informan, en su actuar, de aquello que hemos de ver y escuchar para que suceda algo que nos lleve a encontrar el orden transformador.

Todos al nacer formamos parte de un sistema familiar que así mismo está formando parte de otros sistemas: sociales, culturales, espirituales, etc. Es por ello que todos estamos interconectados y el actuar de unos tiene repercusión en los otros. Así es que nada se pierde, todo se transforma y se resignifica en cada actuar. Un sistema es un conjunto de elementos en interacción dinámica en función de una finalidad. (La teoría General de Sistemas fue creada sobre 1940 por Bertalanffy como método que nos permite unir y organizar los conocimientos con la intención de una mayor eficacia de acción).

Estamos ligados al pasado a través de la memoria de nuestras células, cada individuo es el final de una pirámide de muchos seres humanos que han sido necesarios para su existencia. Cada nuevo vínculo enriquece los sistemas donde interactúa y es responsable de sus acciones y de cómo éstas van a favor o en contra de las leyes de la vida y de su núcleo social. Los sentimientos reprimidos propios o heredados se nos hacen presentes a través de imágenes interiores consecuencia de creencias o sentencias heredadas de cómo son o deben ser las cosas y cuando otros no piensan como nosotros, nos sentimos atacados y consecuentemente nos defendemos atacando, huyendo o haciéndonos el muerto, o sea nos paralizamos.

El cómo llegar a cambiar un comportamiento impropio, precisa de nuestra mayor atención y presencia, haciéndonos preguntas que nos lleven a dilucidar en primer lugar donde estoy como adulto frente a mi interlocutor. Si mi atención está en la crítica referencia o sea estando atentos, desde el sentir y la observación de lo que genera en el cuerpo lo que pasa. Si somos honestos y pacientes las respuestas se harán manifiestas y la transformación será posible.

La Constelación Familiar es un método que facilita la visión del error que ha generado la disfunción y nos permite, a través de representantes, el acompañamiento hasta incluir las experiencias que habíamos negado y devolver así, el cauce natural de la energía Original, cuando eso ocurre la vida se resignifica y la persona cambia y al hacerlo cambia su físico y forma de ver (LoVe) y en consecuencia cambia su Familia, sus relaciones y toda su realidad.

La Constelación está al servicio de lo más grande y cuando se mira desde ahí todo empieza a encontrar sentido, así cuando un hijo muere tempranamente, eso no tiene sentido para sus padres ya que se le supone que los hijos nos sobreviven. Es entonces cuando a menudo a ese muerto no se le puede enterrar (simbólicamente), generando así una exclusión al no aceptar el destino del finado.

Igual ocurre cuando una relación de matrimonio u otra se termina sin la comprensión amorosa de alguna de sus partes y ese dolor que no podemos elaborar se convierte en un cortocircuito que va a limitar la libre manifestación de la vida tal como ES.

Lo que ocurre es que ese penar no cesa en las personas que lo experimentan, sino que se compensa a través de otros miembros de la familia, porque no somos separados de todos, somos unidad y como tal nada se puede entender excluido.

El sistema familiar es en sí mismo un organismo y como tal los distintos elementos que lo componen interactúan entre ellos, se compensan, se perfeccionan y ahí donde se excluyó a alguien el campo completará el faltante y para ello proveerá a los individuos que sean necesarios, generando nacimientos o atrayendo a la familia los personajes que van a ultimar lo que no se pudo completar, dicho de otra manera, lo que permitirá terminar los movimientos interrumpidos.

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Las constelaciones familiares pueden darte una nueva visión para comprender el origen del conflicto o bloqueo con tus hijos y así poder acceder a la reconciliación.

Curso de Constelaciones Familiares, Módulo Los Hijos, 10 y 11 de marzo en Barcelona.

María Martínez Calderón