Me gustaría que esta lectura sea una experiencia que te lleve a una comprensión más allá de las palabras, me sentiría muy feliz si al leer estas líneas consigues llegar a asentir o sea volver a sentir en todo tu cuerpo la experiencia que desde ellas te deseo transmitir.

 

Cuando hablo de asentir, es ir a tu cuerpo para sentir la alegría de tus recuerdos o el dolor de estos y ser capaz de sostener el síntoma de aquello que dolió y acompañarlo a través de la respiración para reconocerlo y explicarle que ya está que lo que en su día fue, ya pasó y ahora puede ser diferente, si le damos la oportunidad.

 

Ahora se trata de mamá, si mamá esa señora que más allá de darte la vida, resulta que también es una mujer, una esposa, o una divorciada o madre soltera, una profesional, un ama de casa… y seguro que muchas cosas más, esa mujer a la que le reclamas que sea perfecta que te proteja que resuelva todo, que no se enfade, que tenga la comida a punto, que te escuche lo justo y de la manera que tú quieres que te escuche.

 

Esa mujer con la que la mayoría de las veces no estás de acuerdo de cómo hace o dice las cosas. A la que juzgas tanto verbal como mentalmente.

 

Si, esa mujer a la que necesitas perfecta, pero no mucho, porque si es muy perfecta resulta que temes no poder ser tan grande como ella… en fin sí, es complejo que mamá sea el modelo perfecto donde poder espejarte sin sentirte amenazada, porque en ella te reflejas, porque un 50% de ti eres ella, porque si ella no está bien, tú tampoco te sientes bien.

 

Sí, a esa mujer a la que amas por encima de todo pero que no puedes reconocerla, a esa a la que te cuesta abrazar y asentir, porque te duele pensar que tal vez no la quieres, o si la quieres demasiado seguro que un día te va a abandonar, seguro cuando muera y eso te hace sentir la incomodidad de que tal vez no la amaste lo suficiente.

 

Pero no te preocupes ella sí que te ama y te ama más de lo que ella es capaz de darse cuenta, aunque su amor por ti esté enmascarado por sus propias heridas y cuando ocurre algo que resuena con su herida de niña o de adolescente, entonces aparece la bruja, la enojada, la cruel, la que crea dependencias si es que fue abandonada, la retraída si es que fue rechazada, la masoquista si es que fue humillada, la que controla si es que fue traicionada, la que es rígida si fue tratada injustamente.

 

Pero más allá de lo que sea mamá, existe un nexo muy fuerte y profundo que te une a esa mujer de tal manera que, si ella se va, algo se va con ella.

 

Cuando nacemos, por el simple hecho de haber estado en su interior e implícito en el nacimiento, se crea un vínculo que nos da sentido de pertenencia, como estrategia de supervivencia.

 

Así es que la necesitas, tal vez ahora ya está muerta, o enferma o anciana, no importa, con todo, es tu madre, esa mujer que te dio la vida, esa mujer de la que llevas parte de su ADN, esa mujer que un día conoció a tu padre y juntos emprendieron la aventura de traer una nueva vida al mundo y tal vez fue una decisión consciente o tal vez solo fueron tomados por algo más grande y ahí te colaste y conseguiste un cuerpo para que tu alma pudiera transitar una experiencia humana.

Sea como sea, tú estás aquí y ella es tu madre.

Si quieres, te puedo acompañar para que la puedas mirar y experimentar lo que todavía está por sanar.

 

Ahora puedes cerrar tus ojos e imaginar que tienes a tu madre delante de ti, la miras a los ojos a lo más profundo de sus ojos ahí de donde procede la vida.

 

Al hacerlo siente en tu cuerpo, las reacciones, los síntomas, observa donde te afecta mirar así a tu madre, tal vez al corazón, al abdomen, en la espalda, a tus pies…

 

Sea lo que sea lo que sientes, pon atención, sin desear que sea diferente, solo lleva a ese lugar, el aire de tu respiración y acompaña al síntoma, e intenta aflojar el cuerpo e ir soltando poco a poco la tensión que hace que sigas reteniendo a tu madre, en tu cuerpo, en ese formato de síntoma.

 

Sigue así, solo mirándola hasta que tu cuerpo se afloje lo suficiente hasta que desaparezcan las señales de dolor y pueda aparecer el amor que va más allá de la razón aparente y que trasciende todo lo conocido y te lleva a sentir lo que es esencial, la Vida en mayúsculas.

Ahora ante tu madre te inclinas leve y lentamente con agradecimiento, Amor y respeto le dices:

– Sí, la tomo de ti mamá, tomo la vida como el regalo más preciado que tengo y con ella hago las mejores cosas, para mi mayor bien y el de muchos

– En tu honor mamá

– Gracias.

María Martínez Calderón

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