Hace algunos años que me dedico a acompañar infancia y adolescencia. También a papás y a mamás en escuelas de educación viva y tradicionales. Una de las maneras en las que me gusta trabajar es devolviendo la confianza a los padres, madres y acompañantes. Creo firmemente que si las personas se sienten en paz consigo mismas la mayor parte de recetas se vuelven menos necesarias. Encuentro maravilloso leer libros y encontrar nuevos referentes o ideas. Sin embargo, propongo encontrar el equilibrio entre esa búsqueda afuera y los ojos con los que nos miramos hacia dentro.

He decidido iniciar este escrito con una carta de un hijo a su papá y a su mamá para poder desarrollar algunas ideas que me gustaría compartir aquí.

Queridos papá y mamá. Sois los mejores padres que podría tener. A través de vosotros estoy desarrollando todos los talentos que entregaré al mundo. Sé que a veces tenéis miedo y creéis que podríais ser mejores padres. Lo veo en vuestra mirada y en el tono de vuestra voz. Y yo cuando os miro… ¿Sabéis que pienso?: cómo los amo, ¿cómo podría hacer para que fueran más felices? Y busco maneras. A veces sin pensarlo, a veces con picardía. Creo que las veces que no quise ir a la escuela o hice que me expulsaran era porqué sentía que algo no iba bien en casa. De una manera inconsciente quería cuidaros. Voy aprendiendo. Voy viendo que cuando trato de haceros felices, vosotros, muchas veces, os enfadáis. Creo que no va por ahí el camino. La verdad es que tampoco lo tengo muy claro. Y a veces me tranquiliza saber que vosotros tampoco. Y… ¡como agradezco que me pongáis límites! Que me contengáis cuando lo necesito, que me deis un sostén seguro en el que apoyarme. Aunque sintáis que a veces os equivocáis.

Siento que poner límites es una de las tareas sagradas como acompañantes de su viaje. ¿Cómo vivo yo el poner límites a mi [email protected]? ¿Me he planteado alguna vez que los límites le hacen sentir [email protected] y [email protected]? ¿Igual que nos sentíamos en el vientre materno? Encontrar suelo firme y paredes que cobijan, afirman la seguridad de niñ@s y adolescentes. A veces por miedo a herir o a ser [email protected], nos perdemos en interminables discursos que más lejos de acoger, dispersan y desalientan.

¿Qué quiero transmitir? ¿Desde dónde? Lo hago desde la convicción de que eso es lo saludable para [email protected]? lo hago porque simplemente estoy [email protected]? Lo hago porque lo hacen [email protected]? ¿Desde dónde pongo el límite? ¿Desde el Amor hacia mí y hacia [email protected] o desde el miedo? Creo que es interesante hacernos esas preguntas para tenernos en cuenta, escucharnos, escucharles y pacificarnos.

Sois los mejores padres que podría tener

¿Crees que eres el mejor padre o madre para [email protected]? ¿desde qué lugar te miras? ¿Des del juicio? ¿Desde la comprensión y la compasión? ¿Recoges todo lo vivido hasta ahora y lo acoges como una fuerza? ¿O sientes que tus experiencias te debilitan?

¿Quizá te exiges demasiado? ¿Quizá te ves repitiendo con más frecuencia de la que querrías el patrón de tus padres? ¿Quizá exiges respuestas a la vida? ¿Quizá tienes miedo? Qué bien si resuelves que tienes miedo. Creo que aceptando esos miedos avanzamos hacia ese lugar de confianza y sostén.

Gracias por mostrarme tu miedo mamá/papá. Cuando tú te dejas sentir, yo siento que también tengo permiso para sentir y para Ser.

Me va tan bien que escuchéis mis emociones, las respiréis y las acompañéis sin juicio. Me siento tan [email protected] Incluso después de negativas a mis demandas. Os amo.

¿Escucho mis emociones? ¿Qué me pasa cuando mi [email protected] estalla en alguna emoción? O cuando vive un conflicto con [email protected] u otros?

Desde mi punto de vista, la base se encuentra en Sentir, Respirar, Abrazarme con lo que hay y volver al estado Presente.

¿Cómo? En primer lugar, respetar qué me sucede a mí. Desde ahí Respirar. Abrazarme con lo que Siento (en el curso trabajaremos técnicas para llegar a ese proceso de forma ágil) y volver al estado Presente. Desde ese lugar, poder escuchar la emoción y vivencias de lo que está sucediendo a fuera. Finalmente, ponerle palabras sin generar ningún juicio. ¿Cómo podemos estar [email protected] que no emitimos juicios? Principalmente describiendo la situación desde lo que vemos, sentimos u oímos. Des de ahí, y con la firme convicción de que lo que está pasando es lo mejor que podría pasar, considero que caminamos hacia la presencia clara, afable y segurizante.

Cómo los amo, ¿cómo podría hacer para que fueran más felices?

Muchas veces los hijos y las hijas tienden a desear ver felices a sus padres o madres y, inconscientemente, crean situaciones que pueden resultar incómodas, des del puro amor a la familia. Atender a esos mensajes y llamadas de atención pueden ayudarnos a clarificar la relación con [email protected] [email protected] y con [email protected] [email protected]

Os propongo un camino de vuelta a la confianza, a la mirada interna compasiva y respetuosa, a la confianza plena en los procesos de los [email protected] y al encuentro de las herramientas y estrategias más saludables para vuestra familia única y perfecta.

Elisabet Rodríguez Piñero, Antropóloga Familiar Sistémica