“Quien mira hacia atrás y no integra lo vivido, se pierde el futuro. Quien es víctima de su pasado, no puede actuar. ”
Entrar en la edad de la adolescencia es tal vez, la etapa más difícil, tanto para los chicos que la están atravesando como para sus padres.
Si tienes hijos adolescentes, sería un buen momento para revisar cómo lo estáis resolviendo en casa y al mismo tiempo, poder sanar, aquello que tu hijo está reflejando de tu propio adolescente interior herido.
Si tu hijo no te escucha o te contesta mal, faltándote al respeto, o se encierra y se rebela. Tal vez parece perdido… o demasiado enfadado.
Y entonces aparece la preocupación:
¿Qué le pasa? ¿Qué estoy haciendo mal?
Pero hay una pregunta más incómoda… y más honesta:
¿Qué está mostrando mi hijo de mí… o de nosotros?
Porque todo aquello que no hayas resuelto, tu hijo lo va a manifestar para que tú puedas verlo en el espejo de sus emociones desbocadas.
Puede que no te guste esta idea, pero es profundamente transformadora:
Tu hijo no solo es tu hijo. También es un espejo.
No copia lo que dices, no sigue tus normas al pie de la letra. El hace algo mucho más profundo:
Expresa lo que hay en el sistema familiar.
- De lo que no se habla
- De lo que se evita
- De lo que duele
- De lo que se carga en silencio
Y muchas veces lo hace de la única forma que puede: A través de su conducta.
¿Y si ese comportamiento que tanto molesta… solo fuera por amor a su familia?
Sí, amor. Aunque cueste verlo.
Porque los hijos están profundamente vinculados a sus padres.
Y por ese vínculo, pueden hacer cosas muy sorprendentes como:
- Llevar cargas emocionales que perciben como no resueltas en la familia y eso les hace repetir historias familiares manifestando conflictos que les superan.
- Ellos se desordenan, como otros lo hicieron antes, para pertenecer
No lo hacen para fastidiarte, creeme, lo hacen para seguir perteneciendo.
La incoherencia los descoloca
Los adolescentes tienen un radar brutal para detectar incoherencias.
Tú les puedes decir una y mil veces : “Tranquilízate” Pero si tú vives en tensión… eso es lo que aprenden.
Tú les puedes pedir respeto: pero si tú juzgas o criticas constantemente… eso también se aprende.
Ellos no escuchan lo que les dices. Encarnan lo que eres.
Y esto no es culpa, es responsabilidad.
Cuando el hijo ocupa un lugar que no le corresponde
A veces, sin darnos cuenta:
- El hijo se convierte en apoyo emocional del padre o la madre
- Carga con tristezas que ha mamado a lo largo de su vida.
- Intenta compensar el dolor, o las pérdidas, o las exclusiones….y para ello se coloca “por encima” o “por debajo” de su lugar y es entonces cuando aparece el caos:
- La rebeldía
- Los bloqueos
- La ansiedad
- y finalmente cuando no puede más se desconecta.
Porque ningún hijo puede estar bien en un lugar que no le corresponde.
La pregunta incómoda (pero necesaria)
Antes de intentar cambiar a tu hijo, párate un momento:
- ¿Estoy en paz con mis padres?
- ¿Cargo con historias que no he resuelto?
- ¿Estoy colocando a mi hijo donde no le toca?
- ¿Le estoy pidiendo, sin darme cuenta, que me sostenga?
De verdad, no hace falta hacerlo perfecto, pero sí hace falta mirarlo con amor.
Tu hijo no necesita que lo arregles
Necesita algo mucho más difícil:
Que te ordenes tú.
Que asumas tu lugar.
Que te hagas cargo de tu historia.
Que dejes de mirar fuera y empieces a mirar dentro.
Porque cuando un adulto se coloca… algo en el sistema se recoloca.
Y el hijo, muchas veces, deja de tener que mostrar lo que antes mostraba a través de su actuar.
Sanar no es opcional (si hay hijos)
Porque tus hijos no heredan solo lo que dices. Heredan lo que no has resuelto. Lo que no trabajas se transmite. Lo que no integras, aparece después.
A veces en forma de:
- Conflictos
- Síntomas
- Conductas que no entiendes
Acompañar no es controlar
Tu hijo no necesita que lo vigiles constantemente. Ni que lo corrijas todo el tiempo, lo que sí necesita de tí son:
- Límites claros
- Presencia real
- Respeto
- Y coherencia
Pero, sobre todo: necesita que le dejes ser hijo.
Sin cargar con lo tuyo.
Sin ocupar tu lugar.
Sin tener la necesidad de salvarte.
Tu hijo adolescente no ha venido a ponértelo fácil. Ha venido a mostrarte algo.
Y puedes seguir luchando contra eso…o puedes empezar a escucharlo de otra manera.
Porque quizás, solo quizás…
El cambio que esperas en tu hijo empieza en ti.

