Si, ser madre es una función biológica natural que poseen las mujeres, algunas lo pueden llevar a término y otras no, unas quieren y no pueden y otras no quieren y les llega.

A partir de ahí, las que son madres se encuentran ante un ser independiente de ellas que pretende tomar sus propias decisiones, aunque no sean las que a ellas les parecen “correctas”.

Y ahí entramos en lo que es correcto y en lo que no lo es. La tendencia actual es la de cómo han de ser las cosas para ser una buena madre. De cómo ha de ser el parto, de cómo han de ser amamantados y durante cuánto tiempo, de si dejarlos dormir en la misma cama de los padres hasta que sea suficiente, aunque eso no permita que los padres puedan descansar bien por las noches o que uno de los dos termine durmiendo en el sofá, etc. Lo que hace que muchas madres se sientan desbordadas y frustradas cuando las cosas no son como deberían ser.

Una vez una gran mujer y madre de un niño que entonces tenía unos 3 años, me dijo “Para ser una buena madre me dedicaba a leer libros para hacerlo bien y de pronto me di cuenta que mi hijo estaba creciendo y yo me lo estaba perdiendo. Entonces cerré todos los libros y me dediqué a mirarlo y escucharlo y darme cuenta de qué era lo que él me estaba pidiendo y que estaba relacionado con la verdadera necesidad esencial y sí, ahora me va mucho mejor”

En el principio eran el hombre y la mujer, ellos son antes, después llega el hijo. Cuando el bebé llega, la tendencia habitual es que la madre desplace al padre ya que el hijo necesita más atención. Cuando esto ocurre el hombre se siente desvinculado y buscará donde encontrar una nueva vinculación y lo hará en su trabajo, deportes, amigos etc.

El hijo necesita a sus padres juntos, necesita sentir que se aman, aunque estén separados, lo que necesita el niño es muy básico y muy complejo al mismo tiempo, el niño necesita el amor y el respeto de sus padres.

Cuando esto se logra, entonces el hijo se siente bien.

María Martínez Calderón